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4.1.2011
La Palabra Escrita
Namibia

Imprimimos millones de folletos cada año aquí en VGR. Algunos de esos folletos son un papel doblado, muy sencillo, con un título y las palabras del Hermano Branham en su interior. Otros son tamaño libro, con una portada llamativa para atraer la atención y un contenido amplio para leer. No son muy costosos para imprimir y caben perfectamente en el bolsillo de la camisa, donde muchos misioneros los cargan. Miles de personas alrededor del mundo han llegado al Mensaje del Hermano Branham por estos folletos, como leerán del Hermano Arthur Vass, director de la oficina VGR en Namibia.

Tengo unas buenas nuevas para Uds. en esta mañana. Siempre teníamos la duda en cuanto a todos los libros que poníamos en el hospital. El Hermano Marius, va tres veces por semana a los hospitales, clínicas y estaciones del tren para poner libros gratuitos y los folletos que tenemos disponibles allí para los enfermos y necesitados que buscan un poco de aliento. Ésta era la duda que teníamos: ¿Realmente leerá la gente estos libros? ¿Será una manera efectiva de esparcir el evangelio? Muchas veces al hablar con creyentes, ellos dicen que el Hermano Branham dijo que Dios no nos envió a repartir folletos sino a predicar el Evangelio. Y luego uno se pregunta: pero el Hermano Branham mismo predicó el Evangelio y los libros de él predicando el Evangelio le están siendo entregados al pueblo. ¿Será algo errado entonces hacerlo? Y ¿qué más podemos hacer los que no somos predicadores muy efectivos? Yo no logro que me escuchen a mí, pero sí sé que muchas personas escucharon al Hermano Branham y lo que él predicó ahora está en forma escrita. Y ¿qué más podemos hacer como bibliotecarios sino esparcir ese Mensaje y esperar que la gente lo lea? Personalmente, yo sólo necesité leer un folleto del Hermano Branham para estar convencido de que el hombre era profeta, y eso me trajo al Mensaje. Yo estudiaba profecías porque apenas llegaba al Señor, y eso me interesaba. En ese tiempo quedé maravillado por el trabajo suyo en lo profético. De no haber sido por ese folleto, yo no estaría aquí. Después me enteré que había mucho más que sólo profecía en esos libros, y ahora no puedo dejar de escuchar el Mensaje.

Cuando el aceite está bajo, simplemente tengo que llenarme. El Hermano Branham es como un recipiente de aceite para mí. Sólo con su predica el recipiente mío, vacío de aceite, se llena. Me embriago [espiritualmente] de sus predicaciones. Sinceramente, a veces me porto de una manera extraña. Me emociono y luego me pongo sentimental, como una persona ebria. Esta mañana una dama que es dueña de una carnicería nos llamó, indagando si ella podía ser de ayuda en la distribución de estos libros y folletos. De acuerdo a su observación en el hospital, la gente muestra un verdadero interés y lleva esos libros, y por eso mismo ella quiere ponerlos en su negocio.

Por tanto, sí funciona a pesar de tanta la crítica.